Esto Solo Puede Mejorar

Desarrollo Personal con Raquel Rodríguez

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Valentía

 

¿Qué es la Valentía? No dejarse intimidar ante la amenaza, el cambio, la dificultad o el dolor. Ser capaz de defender una postura que uno cree correcta, actuar según las propias convicciones a pesar de las circunstancias adversas o críticas.

  • Para ser más valiente: Sal de tu zona de confort. Al menos una vez a la semana haz algo pequeño que no hubieras hecho sin empujarte un poco a ello, por ejemplo, ir a una clase de patinaje o baile; o una vez al año organiza una  salida más ambiciosa, por ejemplo, realizar un voluntariado, ir a algún país extranjero a estudiar otro idioma o hacer un viaje en solitario.
  • Para regular el valor: Valora tus opciones. Si corres un riesgo al tomar una decisión importante, tomate unos días para imaginar cómo te sentirás con cada una de los posibles caminos antes de elegir una de ellas definitivamente.
  • Para ser valiente de modo diferente: se asertivo. Cuando uno dice lo que quiere decir con mensajes “yo” y sin herir ni culpabilizar, está mostrando valor y sensibilidad a la vez.

Raquel Rodríguez

Valorando un momento de valor

La naturaleza en todo su esplendor y mi alergia en su máximo apogeo. Vida creciendo por todas partes. Felicidad: 60%

Valor, esta vez nos toca una fortaleza épica.

Siempre me he considerado pequeña pero valiente. Sin embargo, me he dado cuenta de que soy valiente para lanzarme a la aventura y atreverme a aceptar desafíos, pero no para ser asertiva y poder defender mis intereses y derechos.

El ejercicio de esta semana era justamente ese, identificar una persona con la que te cueste decir lo que piensas y hacerlo, desde la educación, sin caer en la agresividad ni en la habitual pasividad.

Yo siempre he sido una de esas personas que prefieren quedar bien a decepcionar. Me “disgusta disgustar”. Por eso, a menudo, me encuentro haciendo cosas que no me apetecen o poniendo excusas para no asumir compromisos, en vez de reconocer que no quiero hacer dicha actividad.

Me cuesta especialmente decir “no” ante trabajo que me manden mis superiores, aunque este saturada. Es como si pensara que si me niego quedo mal y tendrá alguna penalización, antes o después.

Pero, luego, ¿Quién tiene que vivir mi vida? ¿Quién tiene que asumir las consecuencias de haber aceptado todo? Yo. Así que voy a cambiar.

Bien, os preguntareis que he hecho, pues dos pequeños pasos para la humanidad, dos grandes  pasos para mí:

He rechazado una invitación para cenar de una amiga. He explicado la verdadera razón,  que prefiero quedarme en casa porque necesito descansar. Nada de ir por esta vez, de dejarlo en el aire o de poner excusas. Mi amiga me dijo que lo entendía.  Esto me animó a hacer algo aún más difícil para mí.

He hablado con mi jefa para quitarme una función, que estaba llevando a cabo desde hace tiempo, en la que no soy buena y que no me gusta. He explicado que ese tiempo, que invierto en hacer dicho trabajo, me quita la energía para hacer aquello que se me da realmente bien, y que si no lo hiciera podría hacer mejor el resto de mis tareas, aquellas que hago con facilidad, cierta maestría y aportando un valor añadido. Esto me ha costado un mundo, hacía mucho tiempo que lo estaba pensando, hubiera preferido saltar en paracaídas… ¿El resultado? También menos dramático de lo que pensaba. Me dijo que lo comparta en el equipo y que se lo cambie a alguien, que le guste hacer eso, por otra tarea que ese compañero tenga y no le entusiasme. Así hice, y como hay gente para todo, lo pude solucionar.

Conclusión, hablando se entiende la gente.

En ambas situaciones, creo que proyecte una imagen de calidad, valor y respeto por mí misma, y si no fue así para los demás, por lo menos si lo fue para mí. Me siento satisfecha, orgullosa y respetada por la persona más importante en mi vida, yo misma.

Supongo que un momento de valor puede cambiar tu vida, tu trabajo, tus relaciones y hasta tu autoestima.

Nos vemos por aquí, querido diario,

Raquel Rodríguez

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