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Hoy os quiero hablar del duelo ante la pérdida de una figura de referencia, de esas que han estado ahí toda una vida.

Por dónde empezar… pasada la negación inicial -¿cómo es posible?-, el enfado -¡no es justo!- , la tristeza -¡pobre pequeñ@ yo!- y llegada la aceptación – si es que eso llega verdaderamente alguna vez-, creo que solo puedo decir dos conclusiones sencillas.

Primera, es muy cierto eso de que uno no sabe la fuerza con la que ama hasta que se separa de alguien cercano, por esa ley eterna que dice que la muerte forme parte de la vida. Por eso mismo, es fundamental intentar darse cuentas antes, expresar ese cariño y disfrutarlo mientras se pueda. De todos modos, si ya no hay más tiempo, ten presente que seguramente lo expresaste de muchas maneras más obvias que las declaraciones explícitas.

Segunda, junto con todas las emociones negativas que acompañan estos momentos (desamparo, soledad, impotencia…etc.) también hay muchas positivas (unión, comprensión, perdón, orgullo gratitud…etc.) Y sobre todo amor. Hay que agarrarse a esas emociones positivas, como a un clavo ardiendo, para compensar la dureza de las otras y ser luz en medio de esa enorme oscuridad.

Y nada más, quedarse con eso, el inagotable amor, que como decía Victor Frank, trasciende, con el recuerdo, al cuerpo físico de la persona amada.

Raquel Rodríguez.