Esto Solo Puede Mejorar

Desarrollo Personal con Raquel Rodríguez

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Integridad

¿Qué es la integridad? Ir siempre con la verdad por delante, no ser pretencioso y asumir la responsabilidad de los propios sentimientos y acciones emprendidas.

  • Para ser más integro: Piensa cuáles son tus valores ideales y si estas tomando decisiones acorde a esos valores. En ocasiones, nos guiamos por valores reales que no son los que quieres que en realidad dirijan tu vida.
  • Para equilibrar la integridad: Date permiso para cambiar de opinión. A veces, hemos dicho que vamos a hacer algo o hemos tomado algunas decisiones y nos cuesta dar el brazo a torcer y abandonar la idea o inversión. Ser auténtico es también ser flexible, y permitirse reconocer a la persona presente y diferente que somos, con respecto la persona pasada que tomó ciertas decisiones o dijo ciertas cosas.
  • Para disminuir la integridad: Antes de expresar tu opinión sobre algún tema, piensa si a quien se lo dices le puede doler o hacer sentir mal y pregúntate si es necesario que lo expreses.

Raquel Rodríguez

Una llamada a la integridad

Felicidad: Aferrada a Forti, mi fiel seguidor,

Esta vez he querido practicar la integridad, honestidad y autenticidad, ahí es nada… ¡Y con esta crisis de valores!

Primero reflexioné sobre que podía hacer, ya que me considero una persona sincera, ya sabes, intento solamente engañarme a mí misma. Y al pensar esto, caí en la cuenta de que podía intentar ser más íntegra, es decir, tener más coherencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, e incluso más auténtica, si todo eso  tomaba concordancia con lo que soy.

Pero esta idea de ser más auténtica era demasiado abstracta y tenía que pensar algo concreto para hacer. El ejercicio propuesto en la revista, para esta fortaleza, consistía en meter una moneda en una hucha con cada mentira, excusa o negación de la verdad, que tuviese durante una semana.

Pues bien, lo he cambiado un poco, lo que he hecho es meter una moneda en un bote cada vez que he dicho o pensado las siguientes palabras:” debo” o “tengo”. ¿Por qué he elegido estas palabras? Verás, creo que cada vez que digo: “tengo que ir a trabajar” o “debería de hacer deporte” falto a la verdad, ¿tengo qué?, ¿debería?… ¿Y quién lo dice? ¿Acaso no lo digo yo? Pues entonces… elijo, quiero o deseo…y lo que siga. Ya que si no lo digo así, parece que viniera impuesto desde fuera, cuando viene desde dentro. Y eso ni es ser integro, ni coherente con las propias decisiones, ni nada.

En fin, a partir de ahora, practico para sustituir dichas palabra por “quiero” o “elijo”. Y así ahora intento decir frases como: “quiero ir a trabajar” (porque quiero tener dinero ganado por mí misma) o “elijo hacer deporte” (porque quiero sentirme y verme  mejor)…suena rarísimo, ya lo sé.

Te preguntarás cómo estoy saliendo parada en este ejercicio. Me avergüenza confesar que he llenado ya  medio bote. Y aún no me he acostumbrado a decir: «quiero sacar la basura” (para que no se acumule). Hasta dije tres veces que: “tenía que cortarme el pelo” y eso sí que es algo profundamente voluntario (excepto si trabajas en el ejército, que no es mi caso).

Con el paso de los días he descubierto dos cosas importantes:

Primero, que está profundamente extendido el hablar justificándose con estas palabras, tanto que si le dices a alguien que no sales porque al día siguiente: “elijes madrugar”, se queda de piedra.

Segundo, que te sientes más libre de lo que haces, más responsable a la vez y sobretodo mejor, cuando dejas de usar esas palabras y  asumes la autoría de tus actos. Es como si de repente la vida pasase de ser un montón de obligaciones dictadas por un ente invisible, a ser un conjunto de elecciones personales propias.

De repente, eres el capitán de tu barco y madrugas porque quieres…. ¡exacto!, (porque quieres conservar el trabajo por las razones que sean). Y entonces, no es un castigo, sino una elección consciente. Sientes coherencia de hacer lo que es importante para ti, saliendo así del papel de víctima de la sociedad.

Y ahí se produce la magia, pues al hablar asumiendo la responsabilidad, la tomas de verdad. Entonces llega la integridad. Y te das cuenta, que todo es, al final, una simple elección personal, incluso el ser autentico o no serlo.

Raquel Rodríguez

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