Esto Solo Puede Mejorar

Desarrollo Personal con Raquel Rodríguez

Category: Diario de Felicidad (Page 1 of 3)

The end


Diciembre 2015. Felicidad: 100% agradecida de corazón.

Hace mucho tiempo que estaba esperando este momento. Y soy afortunada de haber llegado hasta aquí. Hoy acaba la etapa de dos años que empezamos tú y yo, en diciembre de 2013, cuando me propuse poner en uso mis fortalezas como se deben hacer las grandes empresas, paso a paso, focalizando mi atención en una cosa cada vez.

Tú has seguido estando ahí para recibir lo que yo escribía en tus páginas y yo… en fin, yo he llevado a cabo hasta el final esta pequeña aventura. Juntos hemos llegado al fin.

Ha sido un viaje bonito, -que digo bonito- … ¡magnífico! A través de las cosas buenas del ser humano que también están en mi (¡es lo bueno de ser humana! -con todo lo general y particular que ello conlleva-). Y no he encontrado una manera mejor de finalizarlo que poniendo en uso la gratitud, que es una gran fortaleza.

Yo siempre he sido una persona muy agradecida y creo que, de algún modo, eso ha marcado una diferencia importante en mi bienestar. Cuando uno agradece lo que tiene, es porque lo ama y cuando uno ama lo que tiene, se siente afortunado y lleno de abundancia, lo cual es una experiencia subjetiva (excepto con los zapatos que tengo una abundancia objetiva).

Y sin más rodeos ni preámbulos, paso a la tarea importante de hoy que es agradecer: gracias por estar ahí, en blanco, dejándome meter mis ideas en tus páginas, silenciosas, receptivas y abiertas. Son ideas que han mostrado una parte del mundo que desconocías hasta ahora: mi visión y mis aprendizajes. Ha sido estupendo compartir contigo mis pequeñas reflexiones y mis grandes propósitos. Me he ido fortaleciendo progresivamente gracias a este ejercicio, he llegado a la meta pero sobretodo he disfrutado del camino. Seguramente el camino es la meta y me doy cuenta ahora.

¿Y ahora qué? ¿Nos despedimos sin más? Ahora quiero empezar un nuevo viaje con todas estas nuevas herramientas que llevo en mi mochila, estas nuevas cartas que sumo a mi baraja para apostar por la partida de la vida…o estas fortalezas, metáforas aparte, que tanto juego nos han dado. Este final deja espacio al comienzo de algo nuevo.

El camino del desarrollo personal y el autoconocimiento es uno de esos que nunca acaba y que merece la pena seguir recorriendo, una misión para continuar subiendo por la escalera de la felicidad. Y los proyectos apasionantes como este finalizan un día cualquiera como hoy, ya que los objetivos deben tener un principio y un final. De aquí, hemos sacado muchas acciones concretas y estupendos hábitos que poner en uso, ¡que el secreto de la grandeza de lo pequeño quede entre nosotros!

Esto no es un adiós es simplemente, como siempre en la vida, solamente un hasta luego.

Con cariño, Felicidad.

Raquel Rodríguez

Un ser espiritual


Noviembre 2015. Felicidad: 90% espiritual y 10% de carne y hueso.

Hola de nuevo. Esta vez quiero reflexionar sobre la espiritualidad y el sentido. Lo primero que me he preguntado es: ¿Cómo se come eso? Y la respuesta que me he dado es que no tengo la más remota idea de cómo pero si siento, en mi interior, que soy un ser espiritual y que mi vida tiene sentido. ¡Ahí es nada!

Yo no te puedo decir de dónde venimos ni a dónde vamos, pero si te podría relatar las cosas que dan sentido a mi vida (he hecho una lista y todo). El sentido está para mí en invertir tiempo en esas cosas. Y digo tiempo porque es lo único que tenemos limitado, de hecho, puede que tu dinero en este mundo nunca se acabe pero tu tiempo se agotará… irrevocablemente.

Tampoco te puedo contar si tenemos una misión individual que cumplir, pero si te podría explicar la coherencia que observo en mí entre lo que quiero hacer, mis valores y habilidades (he comprobado que esta todo alineado). La misión para mi es ser quien soy, que es lo único que solamente puedo hacer yo. Y afirmo esto porque si yo no doy lo que solo yo tengo, esa esencia mía se perderá y nunca nadie la podrá aportar en esta tierra.

Hay tantas preguntas… ¿Formamos parte de un todo? Creo que hay un orden que no alcanzamos a ver pero si a intuir en las plantas y animales, en los mares y las estrellas, y más allá. Y a lo mejor también está en nosotros, por ejemplo, en nuestra imaginación, dejándonos ver aquello que crearemos después, o en nuestros sentimientos, señalándonos direcciones como una brújula.

¿Trascendemos a esta vida? Independientemente de las mil opiniones al respecto, a lo largo de culturas y épocas, cuando alguien querido nos deja, continúa vivo en nosotros, en sueños, recuerdos y en la manera de ser, movernos, hablar y pensar.

Después de tanta profundidad, volviendo a cosas del día a día, para ser más espiritual he pensado en meditar. Pero no me sale ni la postura de las piernas cruzadas como una flor de loto, ni observar a mis pensamientos pasar como nubes por el cielo… ni nada.

Hay una expresión inglesa que me gusta especialmente “couch potato”, significa patata de sofá. Eso sí puedo hacerlo, tirarme unos minutos al día en el sofá y mirar el techo. Igual consigo la paz interior desconectando un rato del mundanal ruido y cesando la siempre incesante actividad. Igual parar y estar conmigo misma, aceptando lo que pienso y siento sin intentar cambiarlo, es el secreto de estar en el ser, en el aquí y el ahora, en vez de en el hacer o el tener, en el pasado o en el futuro.

Probaré a simplemente ser yo y estar conmigo misma. Eso debe servir.

Raquel Rodríguez

El don del perdón


Octubre 2015. Felicidad: 99% en busca del perdón, con perdón.

Querido diario, es solo una opinión personal, pero yo creo que no hay ningún sentimiento peor que el odio, nada que envenene más. Así que me alegro de estar ahora dispuesta a trabajar el perdón, que es su único antídoto conocido.

El mayor enfado que recuerdo hacía alguien fue por un novio que me dejó. Cada vez que pensaba en él, los recuerdos se agolpaban en mi mente y se me apretaban los dientes. Quería que hubiera justicia divina y una bomba cayera en su salón, o simplemente alguien le hiciera pasar a él por lo mismo que él me estaba haciendo pasar a mí, en una especie de revancha cármica, pero nada de eso pasó.

No obstante, tengo también memoria de un enfado horrible hacia mí misma. Todo empezó tras una elección de un camino profesional que no estaba hecho para mí. En esta ocasión, aparecían en mi pensamiento ensoñaciones de un futuro laboral desmotivante y se me caían las lágrimas. Quería un milagro que hiciera retroceder el tiempo, para no haberme equivocado, aunque tampoco ocurrió.

Lo único que paso en ambos casos fue el tiempo, años que me devolvieron la paz. Nuevas personas, oportunidades laborales…etc. Y un día, se obró el milagro. Los recuerdos seguían ahí pero ya no me dolían. Eran imágenes con sonidos y nada más.

Por poner el acento en algo útil, he estado investigando sobre qué hacer cuando uno necesita acelerar el proceso del paso del tiempo para finalizar esta emoción tan incómoda y dañina.

He creado un protocolo de urgencia para perdonar:

Paso 1. Desear perdonar. Reconoce que liberar a esa persona de tu rencor sobretodo te liberará a ti de esa sensación de enfado. A veces uno cree que, si sigue así, pagará por lo que hizo. En realidad el que más paga es uno mismo con su malestar.

Paso 2. Ponerse en el lugar del otro. Plantéate cómo pudo ser su educación, su familia, su pasado y piensa si quizás con esas experiencias, creencias y valores, ¿no habrías actuado tú también de manera similar?

Paso 3. Dejarlo por escrito. Escribe una carta explicando para qué te enfadaste, no porqué, que eso ya lo has pensado más veces, y expresa tu perdón. Léela y mándasela a la persona implicada de manera real o simbólica.

En fin, una cosa esta clara, lo contrario del amor es la indiferencia, no el odio. Desde el enfado sigues igual de enganchado a esa persona, pues continúa en tus pensamiento e influyendo sobre tu estado de ánimo.

Las grandes historias de odio surgen de grandes historias de amor.

Raquel Rodríguez

El vaso medio lleno

Septiembre 2015. Felicidad: viendo el vaso medio lleno.

Dicen que los optimistas, de media, viven más años, tiene mejores trabajos, menos divorcios y hasta ganan más dinero. Vamos, que es buena idea sumarse, con alegría, a ver el vaso medio lleno aunque casi no quede agua que beber.

No obstante, esto es una cuestión de grado, y tan malo es pasarse como no llegar.

La experiencia me dice que hay una cosa donde yo muestro un optimismo irreal: gestión del tiempo y la energía. El tema del optimismo realista con la agenda no me sale. No sé porque planeo diez actividades y solo me da tiempo a hacer cinco.

Una vez leí una frase que decía que uno normalmente sobrestima lo que puede hacer en un año y subestima lo que puede hacer en una década. Desde luego, con no sobrestimar lo que puedo hacer en un día, me daría por contenta.

Incluso sobrestimo lo que puedo hasta en unas vacaciones. Y cansarse en vacaciones es el colmo. Todo el año esperando agosto para relajarse y vuelves que necesitarías una semana libre para recuperarte de los días de supuesto descanso. Al final, se quieren ver demasiadas cosas o reunirse con mucha gente. Y uno va, como en una especie de yincana, tachando de la agenda, como el resto del año.

Luego regresas y tienes la casa sucia, la nevera vacía, la ropa sin lavar y la bandeja de entrada del email desbordada. Tras prometer que las próximas vacaciones las pasaras en casa desayunando con música, dándote baños de espuma y observando atardeceres; al año siguiente, te vuelves a encontrar en un museo a las cuatro de la tarde con hambre y dolor de pies.

Así pues me propongo, para empezar bien el curso, tener un optimismo realista en mi agenda del día a día. Pues si sigo así creo que, estadísticas aparte, no voy a vivir más años ni va a haber quién los aguante.

Para gestionar mejor el tiempo he pensado:
– Dividir las actividades (según las variables de importancia y urgencia), no dejando que cosas urgentes sin valor me quite el tiempo de aquello que realmente es para mí importante y puede hacer un impacto en mi vida.

– Poner primero lo primero, es decir, aquellas actividades importantes, que pueden ser la diferencia que marque la diferencia, para experimentar más bienestar o saber que estoy siguiendo el camino deseado. Seguro que el resto de cosas se reajusten en los huecos que queden libres.
– Agendar descansos y ocio igual que las obligaciones, por ejemplo: “leer una novela”, “hablar con teléfono con mi prima”…etc. Así mi agenda, aunque tenga muchas cosas, me apetecerá más y será más equilibrada.

Por un mundo lleno de optimismo realista

Raquel Rodríguez

Enamorandome de mi

Agosto 2015. Felicidad: 60 % y aumentando, en proporción directa, con mi autoestima.

Hola compañero,

Hoy la historia es de amor. Parece que los días de calma, claridad mental y solar han llegado. Tiempo de compartir conmigo misma y con los demás. Pero me he dado cuenta de que a veces no tenemos la disposición adecuada para estar con nosotros y entonces, no podemos dar lo que no tenemos.

El amor hacía los demás es algo, para mí, bastante cotidiano y sencillo. Yo no creo que se dé solo hacia el círculo más cercano. El amor son pequeños momentos de conexión con quienes nos cruzamos en el día a día: el compañero de trabajo que te hace reír con una broma, el frutero que te sonríe con las vueltas, o el niño del vecino que te mira en el ascensor. Pero a veces, yo no estoy predispuesta a este micro-momento porque estoy de mal humor por cosas mías.

Así pues, he estado pensando en hacer un acto de amor para la única relación que con total seguridad me durará toda la vida (la que tengo conmigo), porque enamorarse de uno mismo es una tarea difícil, pero necesaria para poder dar amor de calidad a los demás.

He hecho una lista para sacar ideas sobre qué significa para mí esto del amor. Amar es:
-Perdonar ante el error. Ver los resultados inesperados no como una equivocación, sino como un feedback para seguir con un aprendizaje más.
– Aceptar de manera incondicional. Aún en proceso de mejora continua, debo reconocerme como soy, castaña, de 1.65 centímetros, 60 kilos, pesimista estructural y optimista aprendida.
– Confiar. Pensar que uno actúa lo mejor que puede con lo que tiene. Y tener presentes los sueños, creer que son posibles, incluso para mí y que los merezco.

Efectivamente, perdonar, aceptar y confiar es una bonita manera de amar. Aplicarse esto en carnes propias, tiene que ver con la ecología con uno mismo.

Todo nace primero en uno: la magia empieza en el interior.
Y hay que creer en el amor…hasta en el amor propio.

l interior.
Y hay que creer en el amor…hasta en el amor propio.

Raquel Rodríguez

Bella

Felicidad: 95 % ensimismada con la belleza del mundo.

Mi bello diario,

Empieza el verano, la operación bikini y los titulares de las revistas diciendo “¡resalta tu belleza este verano!” pero, ¿qué es en realidad la belleza? Parece que la belleza pudiera ser una cuestión de modas. Las tres gracias de Rubens, hoy en día, estarían tan fuera de tendencia como las modelos actuales en la Italia renacentista. Y si Van Gogh, que se suicidó sin vender sus cuadros, levantará la cabeza y viera a cuánto se subasta hoy en día su obra, se volvería a morir, esta vez de un infarto.

Yo creo que la belleza es algo que llega a través de los sentidos. Aunque también se pueda imaginar. Para experimentarlo prueba a cerrar tus ojos y recrear tu paraíso personal, aquel lugar donde estarías genial. Yo veo una playa con palmeras a mi espalda y el mar delante con el sol reflejado en el agua, escucho el sonido de las olas y los pájaros y siento la brisa del mal en la piel y el olor a sal. Esa sensación es belleza.

Así pues, para practicar esto de apreciar lo bello, me planteo disfrutar más de mis sentidos y saborear las cosas bonitas que se crucen en mi camino.

Cada día intentaré fijarme en un sentido en particular. Quizás el lunes elijo poner la atención en la vista y miro las nubes desde el tren; el martes en el oído y escucho llover; el miércoles en el tacto y me doy un masaje al echarme el champú en la cabeza; el jueves en el olfato y huelo el café de la mañana; y el viernes en el gusto y me doy el gusto, valga la redundancia, de comprarme una caja de bombones. Me quedará el fin de semana libre, donde puedo intentar poner todos los sentidos alerta a la vez, cuando experimente contacto con algo que me guste. Por ejemplo, un bebé es algo lindo de ver, con su carita redonda y sus piernas rollizas, ¿y si además me fijará en escuchar su risa contagiosa, acariciar su piel suave y reconocer ese característico olor a colonia Nenuco? Lo apreciaría con más profundidad y desde más ángulos.

Pero no tenemos solo cinco sentidos, no olvidemos el sexto sentido: la intuición. Este sexto sentido capta mucho más de lo que creemos. Funciona con nuestro sistema nervioso, por un lado, analizando toda la información que nos llega (de cuya mayoría no somos conscientes), y por otro lado, sacando conclusiones. La intuición es capaz de identificar la belleza interior. Me explico; ante alguien con sonrisa verdadera, postura de apertura, tono de voz amable, conocido por sus buenas acciones…etc., identificamos que es una persona bonita por dentro.

En conclusión, la belleza, tanto la interior como la exterior, se identifica porque es algo cuya presencia te hace sentir bien.

Y dicho esto, ¡Qué la belleza llene mis cinco sentidos y colme mi intuición!

Raquel Rodríguez

Liderando con buen talante

Felicidad: liderando con buen talante.

Hoy quiero hablarte, querido diario, de liderazgo. Una habilidad por la que siempre he sobresalido más en el ámbito personal que en el laboral. Parece mentira como podemos llegar a cambiar de una parcela a otra de la vida. Yo, por ejemplo, soy líder organizando fiestas temáticas. Es algo concreto, pero algo es algo. Eso sí, no tengo ni idea de… ¿Qué hacen los jefes para ser líderes de equipos de trabajo? De esos que la gente sigue de corazón y no de obligación.

He hecho una pequeña investigación y dicen que, hoy por hoy, lo que más se valora en los líderes es la gestión del cambio. Me parece una característica importante ya que, crisis económica y de valores o era digital aparte, la vida es cambio y las reglas que valen en un momento dado pueden no valer en el siguiente. Al final de cuentas, la ley de la evolución, la capacidad de adaptación y flexibilidad es lo que nos ha hecho sobrevivir como especie hasta ahora. Y creo que como individuos también. Pero sobrevivir de cualquier manera no me interesa…

Hay que sobrevivir con buen talante. De hecho, buscando entre mis experiencias, lo que me ha hecho admirar o no a los jefes que he tenido, es su capacidad de  saber ganar y perder, jugar sudando la camiseta, aceptando el resultado del juego, reaccionando al mismo adaptándose y buscando nuevas opciones . Y si, además, tienen sentido de humor y humildad… ¡hasta me caen bien!

¿Qué puedo hacer yo para tener más liderazgo con los demás? Al fin y al cabo, quizás no tengo personal a  mi cargo ni nunca lo tendré pero puedo ser líder con mi familia, con mis amigos, o de alguna manera… ¡todos podemos ser líderes en algo o con alguien!

Son líderes aquellos que brillan y con ello sacan lo mejor de los demás, motivando para brillar y hacer grandes cosas.

Ese podría ser mi liderazgo, uno que transforme a los demás para sacar su mejor versión a través del cambio. Sería gestionar el cambio en los demás, para que fueran capaces de adaptarse con una actitud positiva a su situación actual y a aquellas que pudieran darse en un futuro. Y para eso, hay que ser ejemplo de cambio, y valorar este como positivo.

Estoy firmemente convencida, todo cambio trae una oportunidad.

Raquel Rodríguez

Con sentido del humor

Felicidad: con sentido del humor.

Mi querido diario, por fin me voy a centrar en el sentido del humor, que es el que cambia más el humor de todos los sentidos.

En momentos de mi vida en los que he estado triste o enfadada, me he dado cuenta de que empezaba a superar esos sentimientos negativos justo en el momento en el que podía volver a reír abiertamente. Volver a reír es la señal de que la vida sigue a pesar del gran drama que te concierte. Volver a reír es distanciarte de las circunstancias y de ti mismo.

De hecho, cuando alguna situación futura, pasada o pesada (de esas en las que no se puede hacer nada al respecto) me preocupa, intento contársela a alguien con sentido de humor y, ante mi asombro, todo adquiere un matiz de menor gravedad.

El humor debe ser algo mágico, pues la risa es un hecho inexplicable que solo tenemos los humanos -¿a qué nadie ha visto reírse a su mascota?-, una reacción del cuerpo que parece querer ayudarnos a sobrellevar el exceso de consciencia (los animales no humanos parecen llevar una vida más sencilla). ¿Será que esa tensión que nos da el pensar, recordar y anticipar (a veces demasiado) se puede compensar con unos segundos de sinceras carcajadas? Por lo visto, se descargan sustancias beneficiosas que hacen que cuerpo y mente se relajen y revitalicen.  Ahí dejo el enigma de la risa.

Ahora, buscando volver a lo práctico, he estado pensando cómo usar esto del humor de manera distinta porque ya lo uso bastante pero a mi manera.

He tenido una gran idea… ¡copiar la idea de otro! Es que casi todo está ya inventado.

Yo tuve una compañera de piso que cuando no hacíamos las tareas que nos correspondía dejaba notas del estilo “hola, soy la taza del café y me encuentro incómoda por estar sucia y sola en esta mesa, me gustaría estar en el lavavajillas” o “Buenas, soy tu abrigo, me duelen las mangas de estar doblado en el sofá, si tan solo pudiera estirarme en el perchero por un rato.”…etc.

Bien, pues voy a empezar a hacer notas de humor. Sé que es arriesgado, pero como son anónimas…jajaja…no intenten hacerlo en sus hogares.

¡Tomémonos menos enserio la vida, de todos modos, parece que no vamos a salir vivos de ella!

Raquel Rodríguez

Perdiendo el control

pauvallve

 

Primeros días calurosos tras el invierno, astenia primaveral. Felicidad: buscando rebrotar con la estación.

¡Qué bonito es cambiar de estación tras el invierno! Los arbolitos en flor, salir en mangas de camisa, ver una mariposa volar atolondrada y mil cositas más.

¡Qué pena que esta vez me este sentando tan mal!, aunque entiendo que depende de mi, probablemente estoy somatizando el estrés que siempre se me acumula, enigmáticamente, en esta época del año.

Este mes me toca practicar el autocontrol, ¿en que sentido?, Yo soy muy controladita para todo. ¿Se podrá practicar mejor el descontrolarse de vez en cuando? Me explico, yo siempre sé la hora que es, la comida que hay en el frigorífico, la ropa que me queda limpia, el dinero que tengo en el banco, la lista de la compra de las cosas que faltan en casa y por supuesto la agenda de tareas del día,  semana, mes, año y década, si me apuras….

Un pelín cargante, vamos, que cuando dicen que el cerebro es una computadora, yo doy fe.

Admiro a las personas sin plan, despreocupadas, que fluyen el día entero. Por eso me gustan las mariposas, me dan esa sensación de ligereza, de ir encontrando flores, en las que posarse en su camino, sin estudiar demasiado como han llegado hasta allí.  Yo sería más bien una oruga, de esas que van en fila india, siguiendo a sus compañeras y cuando se salen de la línea en movimiento, entran en crisis existencial.

¿Cómo pasar de oruga a mariposa sin convertirme en “capullo”?

Creo que mi afán de control pasa por intentar saber de las pequeñas cosas de nuestra tímida existencia para no sentir el gran desconciento que tenemos sobre las grandes cuestiones de la vida.

Es curioso como te puedes quedar sin trabajo, o te puede dejar tu pareja, o se puede morir un familiar querido, sin saber cómo evitarlo o incluso sin que apenas lo esperes…con la sensación de indefensión que genera. Quizás si me concentro en confiar en mis recursos, para elegir la actitud con la que me tomo esos vaivenes, me consuelo.

Uno siempre puede manejar, mejor o peor, qué hacer ante la incertidumbre o la certeza caída de golpe y esperar lo mejor del futuro. Retarse a pensar que cuando una puerta se cierra es porque se debía cerrar  y una ventana se abrirá con el viento resultante de ese portazo.

Voy a intentar repetirme dos cosas:

1 Pase lo que pase, lo afrontaré.

2 Confío en la vida y en mi.

Mientras seco mis alas ,de recién estrenada mariposa, al sol!

Raquel Rodríguez

Prudencia para hablar

 

Primera mariquita de la temporada en la planta de mi ventana. Felicidad: aumentando porcentajes con cada signo de la llegada de la primavera.

La práctica de la anti- humildad fue mejor de lo que esperaba. Ahora nos enfrentamos a un desafío aún mayor…la práctica de la prudencia.

La prudencia, como en otras cosas, la tengo diferente según para qué.

Un ejemplo de prudencia absoluta son mis maletas. Yo a la hora de hacer una maleta llevo varias prendas inútiles para cualquier tipo de situación atmosférica, un jersey en verano por si refresca una noche, un bikini si voy a la playa en invierno, por si hace bueno y me baño…en fin.

Pero a la hora de hablar soy impulsiva y digo cosas de las que me arrepiento, lo más triste es que sobre todo a la gente a la que quiero (y que me quieren igual).  Y una vez que lo has dicho, aunque pidas perdón, ahí queda. Es como un folio que arrugas, aunque luego lo estires, ahí quedan las marcas. Pues las personas se quedan igual, estiradas pero con marcas imborrables.

Así que me dan igual las maletas, quiero dejar de ser cruel, quiero pensar antes de hablar.

He probado a huir cuando me enfado, darme media vuelta y no hablar, dar puñetazos a los sofás, decir la típica amenaza de “me callaré antes de que diga algo de lo que me arrepienta”, respirar hasta hiperventilar, y todo un abanico de violencia verbal y no verbal igual de impulsiva y penosa.

Lo que me gustaría es permanecer como una persona calmada, como si me enfado con desconocidos o con compañeros de trabajo, dónde no hago nada de eso, sino que  pido perdón por si no me he explicado bien o mando un político email. ¿Cómo conseguirlo? ¿Por qué tanta diferencia de intensidad emocional?

Creo que el descontrol se debe a que de verdad me importan esas personas y fíjate que, igualmente pienso, que ahí tiene que estar también la clave, en recordar antes de hablar cuanto me importan, que pasaría si me dieran de lado por gruñona, si desaparecieran de mi vida o si en vez de estiradas pero con marcas, quedasen arrugadas, como una pelotilla de papel, por mi falta de prudencia.

Voy a llevar una hoja de papel en el bolso y cada vez que me enfade, apretaré ese papel y miraré sus marcas,  mientras pienso que decir, para arreglar las cosas sin herir.

Raquel Rodríguez

 

 

 

 

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